2003

Announcement Date: agosto 5, 2003

Recibe el Premio Chihuahua en Artes Plásticas por la escultura “El Gallo”.

El gallo me pertenece tanto a mí como a la mañana. Es un animal muy extraño, que tiene de todo: pico, alas, garras, navajas, cresta, papada y para colmo ojos anaranjados. Comencé a modelarlo una mañana. Nació de un impulso. Quise hacer un gallo hecho de lunas y soles. Me salió un brazo que sostiene la luna: su pico”. Visita a la Habana, Cuba. “Una belleza desde va uno llegando y descubre aquella isla que parece un barco destartalado y enorme. Esas texturas terrosas, verdosas, esos espejos de agua. Un país de atmósferas muy sutiles pero igualmente de movimientos briosos, de sorpresas y sacudimientos. Un país de aguaceros que hacen desaparecer a la Habana en el vapor, como si hubiera sido un espejismo. Me tocaron algunos de esos aguaceros. Yo me quedaba absorto ante esas desapariciones hasta que comenzaban a reaparecer los cubanos y las cubanas, como personajes de teatro, como actores. Gabriela y yo caminábamos por aquel centro de verdaderos palacios, de pasillos y patios cuajados de mármoles sucios, de rejas y paredes descascaradas pero majestuosas. La Habana, esa ciudad de grandes escritores, esa ciudad en la que se escribió nada menos que Paradiso, del gran José Lezama Lima. La Habana es una ciudad de magos y magas. Un día de mucho sol un amigo me llevó a conocer un pintor que vivía cerca del vedado, en una casita mitad de ladrillo y mitad de madera. El pintor sacó al patio un lienzo ya con una base en amarillos y blancos. Casi húmedo, guango por el calor de la Habana. Luego tomó una bolsa con objetos y comenzó a prenderle plumas, cables, patas de gallo, flores, colas de caballo; comenzó a untarle tierras, polvos, a pegarle fotografías. En media hora tenía listo el cuadro, allí recargadito contra un árbol habanero”.