Línea del Tiempo

1954

1954

  Nace en Parral, Chihuahua, en el seno de una familia de mineros provenientes de San Gregorio Valle de Allende, por parte de padre y de Minas Nuevas, por parte de madre. “Fui criado entre fundiciones y huertas, al margen del Río Parral, en unos tiempos en que el río sabía crecer y desbordarse vigorosamente. Mi barrio era un barrio de mucha tradición popular, con huertas y conventos. Yo era un vago que tiraba pal cerro y me trepaba a los árboles. Tuve que trabajar desde los seis años como vendedor ambulante de periódicos, de frutas, de fierro viejo, buscándole y buscándole. Pero era una vida muy feliz, llena de magia. Las únicas sombras que recuerdo eran los miedos religiosos, los sepelios, las ceremonias. Y no eran sombras terribles, sino más bien asomos al mundo del misterio. Yo vivía las semanas santas prácticamente encerrado en el templo: te conozco cada grieta de cada columna de las iglesias de Parral. Recuerdo como sonaban las casullas de los curas: esos ropajes laminados, tejidos en filigrana. No les entendía lo que decían, puesto que hablaban en latín, pero ponía atención a las escaleras frías de piedra que suben a los campanarios. Me fascinaban esos pies sobados y mugrientos de los santos de madera estofada y de yeso. Aquellos pies que, de tanta sobadera, se volvían casi humanos”.

1970

1970

Termina sus estudios de primaria en la escuela Artículo 123 y Leona Vicario 103, en donde recibe las primeras clase de dibujo por parte del maestro Catarino Rivas. Fermín Gutiérrez recordará más tarde las charlas sobre personajes de la cultura universal que este profesor generosamente impartía fuera de horarios escolares. “Recibíamos una educación muy estricta y muy seria, apoyada por el sindicato de mineros. Había un cineclub y los niños de nueve años podíamos ver películas como el Topo, de Jodorowski. Hacíamos excursiones a pueblos abandonados, en especial a uno que se llamaba El Hormiguero, en donde había estado instalada una subestación que luego se quedó vacía como un esqueleto; Esa era el tipo de educación que un niño hijo de mineros podía recibir en esos tiempos, y las imágenes que me deslumbraron por esos días siguen persiguiéndome y siguen apareciendo en mis cuadros”.

1972

1972

Trabaja como retocador de retratos en los negativos en el estudio  fotográfico comercial “El Cisne”. Planea dedicarse a la fotografía profesionalmente.

1970-75

1970-75

Termina sus estudios de secundaria y preparatoria. La familia emigra a la capital del estado. “Chihuahua era una ciudad de casonas y patios centrales, todavía con algo de señorial. Vivíamos en una casa que tenía un zahuán de patios ajedrezados y un naranjo que, como tantas otras cosas hermosas de aquel Chihuahua, ya no existe”. Fermín trabaja como albañil, carpintero y herrero. “Aquella experiencia me dejó el contacto directo con los materiales y el respeto por ellos. Las texturas del ladrillo y las amalgamas, el peso de los metales y las piedras, el polvaderón del cemento: todo eso fue para mí más lección de pintura que si hubiera asistido a una academia”. Inicia sus estudios de arquitectura, en donde se relaciona con artistas y arquitectos.

1976-78

Asiste de manera abierta a los talleres que impartía la escultora Judith Bermudez en la escuela de bellas artes de la UACH.

1979

1979

Viaja a Europa. Recorriendo Inglaterra, Holanda, Dinamarca, Alemania, Italia, Grecia, Austria, Francia y España. “Visité los dos grandes museos del mundo en cuestión de pintura: el Louvre y el Prado. Me impresionan el Greco y Velázquez, las esculturas inacabadas de Miguel Ángel, el arte egipcio, la obra de Rodin. Sentí de manera directa lo que es el trabajo de un genio al conocer la obra de Bernini: aquellas perspectivas del barroco, aquella capacidad de resolución de las grandes escalas que han sido insuperadas hasta nuestros días. Un invento a través de los números, de la geometría. Ese viaje me marcó, aunque en aquella época no supe exactamente qué era lo que me estaba pasando. No tenía los elementos teóricos para digerir lo que representaba aquel encuentro con el gran arte europeo, pero sí una gran energía para resolverlo en términos vitales ”.

1981-1982

1981-1982

Trabaja como arquitecto en el rescate del patrimonio arquitectónico y vivienda. Se involucra de manera definitiva con la pintura. “Había tenido siempre la inquietud, pero hasta entonces pude darme el tiempo para pintar. Pintaba lunas y soles, personajes urbanos. Pintaba con vinílica y en eso me gastaba el poco dinero que tenía.”

1988

Asiste al Taller de grabado impartido por el pintor jimenenze Benjamín Domínguez en el centro cultural Chihuahua.

1989

Primera exposición de pintura: “Fragmentos”, realizada en el vestíbulo del Teatro de los Héroes de la Ciudad de Chihuahua. “Era una propuesta que tendía mucho a la ilustración, con temas relacionados con la arquitectura. Mis formas y mi lenguaje eran sencillos pero siento que allí estaba el germen de mi trabajo posterior. Recuerdo que llegó un arquitecto y, al contemplar el tendón de diez metros con mi nombre me comentó con cierto malestar: esto no se hace más que en Nueva York. Entonces yo le contesté, con un malestar incluso mayor: Pues ahora yo lo hago aquí en Chihuahua.” Es invitado a exponer en los Estados Unidos en el Centennial Museum de El Paso Texas, en donde recibe palabras elogiosas de la crítica de arte especializada en pintura latinoamericana la Dra. Shifra Goldman catedrática de la Universidad de los Angeles . Recibe un ofrecimiento del escultor Sebastián para residir en la Ciudad de México. El escultor Sebastián dedica palabras elogiosas sobre el trabajo de Fermín y adquiere más de veinte telas suyas. Se inicia una amistad que habría de perdurar hasta el presente. “Sebastián es uno de los escultores con mayor capacidad para traducir a la naturaleza hacia lenguajes geométricos, abstractos. Una topología muy suya, muy encontrada, muy firme. Sebastián, como nadie, ha sabido sintetizar la forma, el volumen y logra una relación auténtica, armoniosa, de la sombra y de la luz en el espacio”.

1989 – 1993

1989 – 1993

Estancia en la Ciudad de México. Trabaja para la galería Expositum, de Polanco. En 1990 tiene la oportunidad de escuchar a Alejandro Obregón: «Me había impresionado enormemente su famosa maternidad, aquella mujer recostada, con el vientre distendido, apunto de dar a luz. Él era un personaje fuerte, casi de acero, con una mirada luminosa y rápida. Contestaba a las preguntas de una manera contundente e ironizaba sobre el hecho de que el arte se hubiera convertido en vedetismo.» Ese mismo año conoce, en el Palacio de Bellas Artes, al maestro Rafael Alberti, ya muy anciano y en una de sus últimas apariciones públicas. «Me deslumbró el contacto de los diferentes lenguajes artísticos: un hombre que había tenido contactos con el cubismo, con el surrealismo, además un activista y un mito viviente.» Exposiciones en la Torre de Comercio, Galería Expósitum y diversas casas de cultura. “Lo que más me gustó de México fueron sus puestos de flores, sus mercados, sus tianguis, en los que se cruzan violentamente los olores, con los colores con los sabores. La infinidad de matices que un norteño descubre en esa parte del país que sigue siendo tan indígena. Las cantinas de México, también añorables, pero lo que más me gustó fueron esos mercados son centros en los que convergen los objetos, las plantas, los personajes, las frutas que nunca habia visto. Allí descubrí la verdadera artesanía, el verdadero arte popular. Esa fue mi segunda gran escuela. Y el museo de antropología, que nunca me cansaré de recorrer”.

1992

Conoce en la Ciudad de México a Armando Morales. «En su visita a la Ciudad de México tuve un encuentro fortuito en el Museo Rufino Tamayo. Él exponía unos cuadros en los que aparecían personajes marinos, viajeros. Había una gran reflexión sobre la luz. Pintura con oficio. Llegué a la conferencia y yo, sin saber que él era Armando Morales comencé a platicar con él. Yo había escuchado por la radio una conferencia suya. Fue un encuentro que influyó mucho en mí, y en lo que habría de ser mi trabajo. De él aprendí el universo infinito de lo que es la pintura. Entendí de una manera personal el proceso que experimenta el creador, desde la búsqueda hasta el encuentro. Fue un pintor que me mostró, con palabras simples, y de una manera sencilla cómo el trabajo, por sí mismo, te va guiando y simplemente hay que esperar a tener resultados. Viajó a Nueva York, en donde se dedica a recorrer los museos. “Fui a conocer las grandes telas como si se tratara de grandes señoras a las que tenía que ir a saludar: La Crucifixión de Francis Bacon, Moulin à Chocolat de Marcel Duchamp, La Danza de Henri Matisse y una de las tantas constelaciones de Joan Miró”.

1993 – 1995

El 93, en la Ciudad de México, conoce el escultor Edgar Negret. “Fue un encuentro maravilloso. Descubrí una escultura elemental, sensual, fina,  elegante, perteneciente a la escuela geometrista latinoamericana. Hablamos sobre materiales, articulaciones, movimientos. Me habló mucho sobre sus proyectos monumentales y sobre la tradición de los incas. Era un hombre casi silencioso para hablar. Como si sus labios no se moviera. Un personaje frágil, sin embargo cuando vemos su trabajo encontramos un gran vigor: dobleces metálicos, mantos alabiados, movimiento”. Estancia en Sao Paulo, Brasil. “Un país sensual y sexual, echado al mar, con la mitad de su ser todavía en el mar, con un pie en el mar y el otro en la selva, lleno de bares, de cantinas, de restaurantes, de muchachas que huelen a coco. Un país en el que se da más fácil toda forma de contacto humano”. Exposición en la galería Flavio Imperio. “Me deslumbraron las obras de Oscar Niemayer, Lina Bonbardi, Iberé Camargo, Candido Portinari, Cicerón Díaz, algunas de las más grandes realizaciones del talento latinoamericano. Me fascinó también la música brasileña, el bossa nova, la samba. El Brasil: una playa verde, llena de música, alegría y misterio”.

1995

1995

“Regreso al desierto, de donde nunca debí de haber salido. Mi casa. El septentrión, la tierra del calor seco, me recibía con su cielo estrellado, con sus vacíos, con esas sombras cargadas de luz, con esos atardeceres que son leños en brasas, a medio apagarse. Me di cuenta de lo que era vivir en el desierto: si tú te tomas una agua de papaya y limón en una terraza de la ciudad de Chihuahua te sabe sabrosísima, es como un privilegio. Pero si te la tomas en Yucatán es el paraíso. Y al contrario: si te tomas en Mérida un atole de maíz con piloncillo es una excentricidad, pero si te lo tomas en San Gregorio, Chihuahua, es como llevar el sol en las entrañas. Por eso el paisaje es parte del hombre y determina de muchas maneras su discurso y sus acentos más íntimos. Por lo demás, también me esperaban sorpresas desagradables: encontré una ciudad de Chihuahua aún más destruida de la que yo había dejado, donde ya no existían los muros, las puertas, las ventanas de madera vetusta que yo había dejado unos pocos años atrás”. Organiza una exposición titulada “Ida y vuelta”, un resumen gráfico de su experiencia brasileña.

1996

1996

Recibe el Premio de Artes Plásticas de la Universidad Autónoma de Chihuahua por el cuadro “Piedra Solar”. Elabora la serie serigráfica “Búsqueda por la Pasión” inspirada en el cuento «El Gallo de Oro» de Juan Rulfo.

1997

Mención honorífica en el Premio Binacional Siqueiros-Pollock. Elabora dos pinturas de gran formato para el Centro de Convenciones de la Ciudad de Chihuahua: “Urna Solar” y “Urna Lunar”. “Dos grandes espacios en los que quise retratar la dualidad del tiempo físico chihuahuense. En la parte diurna retraté a los fósiles, a los minerales, al trabajo de mi padre, a la fauna del desierto y sobre todo, las texturas del desierto. Pero también a ese fantasma que aparece en muchas partes, en los prismas, en los minerales, hasta en las latas, si colocamos su metal a contraluz, pero que en ninguna parte aparece de manera tan definitiva y hermosa como en el cielo después de la lluvia: el arco iris. La Urna Lunar es una pintura que recrea las atmósferas de la noche norteña: las noches de luna, de fiesta de banquetes campestres. El mundo de los ranchos, con el sotol y el guateque, con frío pero con fogata, en medio del desierto pero con guajolote en mole. Uno pinta lo que uno es. Es un cuadro centrado en la composición pero también en el color. Yo soy un norteño hijo y nieto de mineros. En pocas palabras: quise  hacer un retrato de mis orígenes”. Es invitado a formar parte del programa Art Pace, en el cual no pudo participar por cuestiones de trabajo.    

1998

Recibe el Premio Siqueiros-Pollock. Expone “Travesías” en la Universidad de Nuevo México. “De Nuevo México lo único que recuerdo es que, en efecto, era otra forma de México; un lugar en donde, por más que los quieran barnizar de hispanidad o de modernidad anglosajona, les sigue brotando lo mexicano en cuanto uno les rasca y por dondequiera que les rasque”. Exposición colectiva “Plástica Chihuahuense” en el Museo José Luis Cuevas, de la Ciudad de México. Posteriormente a esta exposición participa en una mesa redonda junto al pintor José Luis Cuevas titulada «El Muralismo Méxicano«. “Teníamos puntos encontrados: él afirmaba que el muralismo había muerto. Era una postura demasiado personal. Expreso opiniones en contrario, en el sentido de que el muralismo era simplemente una opción de formato, una manera específica de expresarse que no había perdido ninguna validez. Al final se me acercó y me felicitó, Luego se me acercó también Berta su esposa, ahora ya fallecida, y me dijo en son de broma: Muy bien, muy bien; que bueno que le digas esas cosas”.

2000

2000

Inauguración de la escultura monumental “Árbol de la Victoria”, en Ciudad Juárez. “Una escultura de lenguaje orgánico, en el que busqué un dinamismo y una comunión con el difícil entorno de una ciudad fronteriza. Una escultura que tenía la secreta misión de ordenar y mesurar el caos en cuyo centro debía de ser colocada: nada menos que un crucero en Ciudad Juárez”. Inicia el proyecto del conjunto monumental «Las Palomas» para el parque metropolitano de la ciudad de Chihuahua.

2001

2001

Exposición en Ville d’Angiers, Francia. Es inaugurado el conjunto monumental “Las Palomas”, en el Parque del Palomar, de la ciudad de Chihuahua. Inauguración del mural “La Familia”, en la Mediateca Municipal de la Ciudad de Chihuahua.

2002

2002

Exposición en el salón de otoño, en París, Francia, junto con otros pintores mexicanos. Exposición “Memoria de los Días”, en el Instituto Tecnológico de Monterrey.  

2003

Recibe el Premio Chihuahua en Artes Plásticas por la escultura “El Gallo”. “El gallo me pertenece tanto a mí como a la mañana. Es un animal muy extraño, que tiene de todo: pico, alas, garras, navajas, cresta, papada y para colmo ojos anaranjados. Comencé a modelarlo una mañana. Nació de un impulso. Quise hacer un gallo hecho de lunas y soles. Me salió un brazo que sostiene la luna: su pico”. Visita a la Habana, Cuba. “Una belleza desde va uno llegando y descubre aquella isla que parece un barco destartalado y enorme. Esas texturas terrosas, verdosas, esos espejos de agua. Un país de atmósferas muy sutiles pero igualmente de movimientos briosos, de sorpresas y sacudimientos. Un país de aguaceros que hacen desaparecer a la Habana en el vapor, como si hubiera sido un espejismo. Me tocaron algunos de esos aguaceros. Yo me quedaba absorto ante esas desapariciones hasta que comenzaban a reaparecer los cubanos y las cubanas, como personajes de teatro, como actores. Gabriela y yo caminábamos por aquel centro de verdaderos palacios, de pasillos y patios cuajados de mármoles sucios, de rejas y paredes descascaradas pero majestuosas. La Habana, esa ciudad de grandes escritores, esa ciudad en la que se escribió nada menos que Paradiso, del gran José Lezama Lima. La Habana es una ciudad de magos y magas. Un día de mucho sol un amigo me llevó a conocer un pintor que vivía cerca del vedado, en una casita mitad de ladrillo y mitad de madera. El pintor sacó al patio un lienzo ya con una base en amarillos y blancos. Casi húmedo, guango por el calor de la Habana. Luego tomó una bolsa con objetos y comenzó a prenderle plumas, cables, patas de gallo, flores, colas de caballo; comenzó a untarle tierras, polvos, a pegarle fotografías. En media hora tenía listo el cuadro, allí recargadito contra un árbol habanero”.

2004

2004

Exposición retrospectiva en el museo Casa Redonda, de la Ciudad de Chihuahua: “Secretos del Desierto”. “Se trató de un conjunto amplio, de temas relacionados con el agua, que es tan valiosa para nosotros, pero también con la noche. Aparece una zoología que yo no había tratado: los peces. Dejo  atrás a los perros, pero me encuentro con los peces y con los pájaros, sobretodo los pájaros nocturnos, que son los más bellos. Mujeres dormidas bañadas por la noche y cubiertas por parvadas de chanates que viajan hacia un cielo que descansa en azules cobalto.” Se imprime una agenda en la que colaboran los fotógrafos de arte destinada a difundir imágenes del conjunto escultórico “Las Palomas”, con textos del arquitecto colombiano Mauricio Pinilla y el mexicano Gabriel Escárcega.

2005

Proyecta las esculturas “Nosotras” y “Nuestra Casa”. “El primero respuesta a la situación dolorosa de la mujer en la frontera. El segundo es una metáfora sobre la familia, con todos sus componentes, sus contradicciones y sus espacios de luz”. Exposición en Oaxaca con otros dos artistas chihuahuenses: Luis Aragón y Benjamín Domínguez. “Luis Aragón: un pintor del desierto. Su materia es la piedra. Su hora es el crepúsculo. Un pintor muy preocupado por enseñar lo que es el desierto. Hemos tenido muchas andanzas juntos. Un hombre de la sierra, un verdadero serrano, un hombre de las barrancas y de los acantilados. Benjamín, por su parte, un pintor generoso y comprometido, con el oficio y con quienes lo rodean. Un alquimista que habla el idioma del misterio. Dos maestros chihuahuenses”.