Reseña en Mural

LAS URNAS DEL DÍA / DÍPTICO DE FERMÍN GUTIÉRREZ

La pintura es el autodescubrimiento, el artista pinta lo que es.
Jackson Pollock

Urna Solar.

Saturno en la mitología latina es el dios del tiempo. La esfera del día se bifurca en “dos tiempos” en el sereno prisma de la luz: di – urno y noc – turno. Los turnos del día. La pintura de Fermín Gutiérrez nos muestra –sin más- esa constante “inmovilidad dinámica” en la vida del hombre.

La prueba de fuego de todo artista es cuando su obra sea cual sea el género- logra transliterarse del “lenguaje” personal al colectivo. Según las palabras de Carl Gustav Jung –esto sería- “soñar en el mito hacia adelante”. En la antigüedad de Giambattista Vico la palabra “mito” era entendida –con el código de aquellos tiempos- como “revelación de una verdad profunda”. En la red de los términos Verdad, Vida, Mito, gozaban de un mismo significado. Ahora como sabemos, es lo contrario. Pero si regresamos al díptico de Fermín, podemos observar –no sin asombro- que el Día sigue repitiéndose, que la Realidad prosigue a pesar de nuestro “Olvido”. “Andan días iguales persiguiéndose”, nos recuerda Neruda. La “aparente rutina” de lo que nos rodea en la enorme tierra de nadie del vivir cotidiano, nos lleva a desatendernos de este “retorno”, de este “movimiento perpetuo”. En este gran díptico, Fermín nos muestra el día de nuestros antepasados que nos remite inevitablemente al nuestro. Todo arte –si interpretamos bien a Pollock- conduce al autodescubrimiento. No al autodescubrimiento de Fermín, de Rogelio, de Juana o de Francisca, no, sino al descubrimiento de nosotros mismos, del Hombre Universal, el único habitante del Cosmos. Al que cada uno de nosotros representamos en la breve clepsidra de nuestro tiempo.

Cuando nos enfrentamos a esta urna, cómo no recordar “los trabajos y los días” de nuestros padres y nuestros abuelos. De todos esos hombres que transformaron la “hostilidad” de esta tierra para heredarnos una mejor vida en nuestro amado septentrión mexicano. Entonces nos volvemos los hombres “sosteniendo la vida” bajo el “cielo subterráneo” de la mina. O ese hombre sin rostro en el “desasosiego acechante” de la pobreza, o la mujer, la niña, o bien el niño de las volandas de ese fuego creativo que nos solidariza.